Publicada el 30-04-2026 | Equipo Webcams de Asturias
El puente es uno de los mejores momentos para escaparse por Asturias. Y si hay una zona que funciona siempre —incluso con tiempo cambiante— es la Comarca de la Sidra y el Oriente: costa, miradores, pueblos con identidad, rutas sencillas y muy buena mesa.

El puente es uno de esos momentos ideales para escaparse por Asturias, y pocas zonas ofrecen tantas posibilidades como la Comarca de la Sidra y el Oriente. En apenas unos kilómetros puedes pasar de la costa al interior, de playas abiertas al Cantábrico a paisajes de montaña en los Picos de Europa, combinando pueblos con identidad, miradores espectaculares, rutas sencillas y una gastronomía que siempre responde. Además, es un destino que funciona incluso con tiempo cambiante, ya que permite alternar fácilmente planes al aire libre con visitas culturales o gastronómicas.
Uno de los grandes atractivos de esta zona son sus miradores, auténticos balcones naturales desde los que entender el territorio. El Mirador del Fitu es uno de los más conocidos, con una panorámica que conecta el mar Cantábrico con los Picos de Europa. Es una parada rápida, accesible y muy agradecida, ideal para cualquier escapada.
Muy cerca, el Mirador de San Roque ofrece una vista privilegiada de Lastres y su entorno costero. Es uno de esos puntos que resumen perfectamente el carácter de la costa oriental asturiana, con el pueblo cayendo hacia el mar.

En días de nubes y claros, estos miradores ganan aún más fuerza. La luz cambia constantemente, el paisaje se transforma y cada visita es diferente, lo que los convierte en paradas casi obligatorias dentro del viaje.
La costa oriental de Asturias destaca por su variedad y personalidad. La Playa de La Espasa, en Caravia, es amplia, abierta y perfecta para pasear sin prisas, especialmente cuando el mar está en movimiento y el paisaje gana fuerza.
En Ribadesella, la Playa de Santa Marina combina un paseo muy cómodo con la presencia de villas indianas, creando un entorno muy agradable incluso en días grises. Es un lugar perfecto para caminar sin complicaciones.
En la zona de Llanes, el paisaje se vuelve más espectacular. Playas como Toró o Andrín ofrecen formaciones rocosas y acantilados que aportan un carácter más salvaje, mientras que enclaves como Cobijeru o Gulpiyuri añaden un punto diferencial, con espacios únicos que sorprenden incluso a quienes ya conocen la costa asturiana.
Muy cerca de Llanes, los Bufones de Pría son uno de esos lugares que conviene visitar cuando el mar está bravo. Se trata de formaciones naturales en los acantilados por donde el agua y el aire salen despedidos con fuerza, creando un espectáculo visual y sonoro muy potente.

El acceso es sencillo y permite recorrer la zona caminando sin dificultad, lo que lo convierte en un plan perfecto para combinar con otras visitas cercanas. Eso sí, el viento y el oleaje marcan la experiencia, por lo que conviene ir preparado.
Es uno de esos rincones que muestran el Cantábrico en estado puro, lejos de la imagen más tranquila de otras playas, y que aportan un punto diferente a la escapada.
La costa no se entiende sin sus pueblos, y en esta zona hay varios que destacan especialmente. Lastres es uno de los grandes referentes, con sus calles empinadas y su puerto, que invitan a perderse sin rumbo entre miradores naturales y rincones con vistas al mar.
Tazones, más pequeño y recogido, conserva intacto su carácter marinero. Es una parada muy agradecida tanto para pasear como para comer, con un ambiente tranquilo y muy cuidado que encaja perfectamente en cualquier itinerario.
Ribadesella aporta un perfil diferente, con su paseo de Santa Marina y una combinación interesante entre tradición y ambiente turístico. Por su parte, Llanes completa el recorrido con una propuesta más dinámica, mezclando playas, paseo y opciones para alargar la jornada.
El contraste con la costa llega al adentrarse en el interior. Cangas de Onís actúa como puerta de entrada a esta zona, con su icónico puente romano como uno de los grandes símbolos de Asturias.
Desde allí, la subida al Santuario de Covadonga es una visita imprescindible. La combinación de naturaleza, historia y simbolismo hace que sea uno de los lugares más representativos del norte.

Un poco más arriba, los Lagos de Covadonga ofrecen uno de los paisajes más espectaculares de Asturias. Incluso con niebla o lluvia, el entorno mantiene un carácter muy especial.
La zona de Cabrales permite adentrarse en un entorno de montaña más marcado, ya dentro de los Picos de Europa. El paisaje cambia por completo, con valles más cerrados y una sensación de naturaleza más intensa.
Pueblos como Arenas de Cabrales sirven como base para recorrer la zona y disfrutar de un ritmo más pausado. Es un buen punto para parar, especialmente si se viene desde Llanes o Cangas de Onís.
Aquí el queso Cabrales es el gran protagonista. Es fácil encontrar establecimientos donde probarlo o conocer mejor su elaboración, lo que añade un componente gastronómico muy interesante al viaje.
Más allá del paisaje, esta zona permite descubrir una parte muy interesante del patrimonio histórico asturiano. La Iglesia de Santiago de Gobiendes es un buen ejemplo del prerrománico en la costa, situada en un entorno tranquilo que invita a detenerse sin prisas.

En Villaviciosa, la Iglesia de San Juan de Amandi destaca como uno de los templos románicos más importantes de Asturias, con una portada muy reconocible.
A esto se suma el Monasterio de Santa María de Valdediós, una de las visitas más completas de la zona, y las ruinas del Monasterio de Santa María de Tina, un enclave más discreto pero muy interesante.
Cuando el tiempo no acompaña, la zona sigue ofreciendo alternativas de mucho nivel. El Museo del Jurásico de Asturias es uno de los espacios más completos, ideal para dedicarle varias horas.
En Nava, el Museo de la Sidra permite entender mejor la cultura sidrera, mientras que en Ribadesella, la Cueva de Tito Bustillo aporta un valor cultural diferencial.

A esto se suma el Archivo de Indianos - Museo de la Emigración, una visita muy completa para conocer la historia de la emigración asturiana.
La gastronomía es una parte esencial de cualquier escapada por esta zona.
La Comarca de la Sidra y el Oriente de Asturias reúnen todo lo necesario para un puente completo: costa y montaña en pocos kilómetros, miradores que marcan la diferencia, playas con carácter, pueblos con identidad y una oferta cultural que permite adaptarse a cualquier plan. Es un destino que no depende del tiempo, porque siempre hay una alternativa que encaja, ya sea recorriendo la costa, adentrándose en los Picos de Europa o haciendo una parada con calma en alguno de sus muchos rincones.
Al final, más allá de los imprescindibles, lo que define esta zona es la facilidad para improvisar: cambiar de plan sobre la marcha, descubrir un mirador inesperado o alargar una comida sin prisa. Ese equilibrio entre variedad, cercanía y autenticidad es lo que hace que siempre apetezca volver.
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